Close
0
  • Caleb Ordoñez Talavera

El Rencor

“Nadie podría sentir lo mismo que tu sentiste cuando te dañaron, nadie puede estar en tus zapatos, pero eso no significa que nadie pueda ayudarte.”

 

Caleb Ordóñez

Una persona, quizás un hombre o una mujer, camina por la calle atrapada en un dolor que la agota. El lugar es cualquiera sobre el planeta y el tiempo también. Su mirada, perturbada y decaída, se dibuja encerrada en una cara contraída sobre sí misma.
En esta contracción ella insinúa una hostilidad, incluso un odio. Parece estar concentrada en una labor importante, en un trabajo plenamente justificado. Su soledad es absoluta.
Esta persona ya no sabe cuanto tiempo lleva caminando así. Aunque logra hacer lo que tiene que hacer ya sea en su trabajo, en su oficio o en su profesión, todo parece ser más costoso desde que esto comenzó.
Es que parte de su energía física y sobretodo mental, desde ese instante, alimenta un círculo vicioso que la está matando, un círculo que empieza y termina, una y otra vez, en el recuerdo de algo que la golpeó en el centro de su ser.
Puede ser algo que, de repente, hace tiempo, se desocultó para ella, algo que la impactó y se anidó en sus moléculas, células, tejidos y músculos.
O Puede ser algo que vio, que le contaron, que le hicieron, incluso algo que imaginó a partir de ciertos retazos, de algunos hilos sueltos ciertamente observados en la relación con otra persona. En todo caso, sea la situación que sea, esto le ha dejado una herida traumática, una huella que le ha dañado algo constitutivo de su identidad.
En efecto, esa violencia en un centro esencial de su persona le incendió, en aquel momento, una mezcla tormentosa de emociones, se quema por dentro. Una confusión, resultado propio de un mundo que se trastoca, una tremenda extrañeza e incredulidad por la confusión de lo que se creía seguro y confiable y que ahora es otra cosa, una sensación de desamparo y precariedad como secuela de la pérdida dramática del lugar que sentía familiar, un dolor y una tristeza enormes por el derrumbe, la degradación o la distorsión del valor que tenía al amor que había sido colocado en esa persona, en esa idea o en ese lugar.
Y por supuesto el odio, el gigantesco odio como respuesta a lo que se siente como un ataque mal intencionado, desconsiderado, falto de preocupación, carente de todo amor o agradecimiento.
Y por supuesto, haciendo crecer toda señal de ese odio, la impotencia, la imposibilidad de haber acometido una venganza absoluta de inmediato.
Lo percibido, lo imaginado, lo sentido, lo pensado desde el momento de los hechos traumáticos se ha convertido para nuestra persona en una huella deslumbrante en el escenario de su mente, se muere por dentro.

EL RESENTIMIENTO NOS TRANSFORMA

La vía del olvido pasa por la posibilidad de recordar y pensar, es decir, por la posibilidad de que podamos representarnos los hechos, de que podamos asociarlos con otros recuerdos, con otras sensaciones, o sea, pasa por la oportunidad de comprender lo que ha ocurrido. Pero ¿qué pasa cuando los hechos han ocurrido a nuestras espaldas o frente a nosotros y lo sabemos después, cuando nos enteramos de que lo que creíamos ver, creer, escuchar no era verdaderamente lo que pensábamos y sentimos frustración?.
Este conocimiento, llega atacando lo que pensábamos era la realidad y nuestra imagen de nosotros mismos. Entonces pensamos que enloquecemos o que somos estúpidos y todo parece perder esa solidez que nos daba la confianza en la realidad, todo comienza a temblar en nuestro interior.
Y de esa manera nuestro resentimiento será proporcional a la profundidad y medida de la vergüenza y la humillación que sintamos. Y aún más gigantesco será este rencor si lo alimenta la indignación, esa tormenta de odio omnipotente propia de aquel que jamás habría sospechado que algo así podría ocurrirle por su afán de estar siempre por sobre el “hombre común y corriente” y por la arrogancia de creerse invencible.
En este caso el sentimiento de padecer una injusticia moverá nuestros pensamientos. La búsqueda insaciable de la venganza se ocultará detrás de la persecución de una justicia que sentimos merecemos con pleno derecho.
Ciertos recuerdos, nuevos datos, retazos escuchados de aparentes testigos, pruebas deducidas de la interpretación de hechos, razones imaginativas y especulaciones, son parte de una imparable maquinaria que se nutre de una idea con otra, hasta lograr concluir pensamientos que apoyen o confirmen lo que queremos creer, cuando sentimos que somos víctimas, entonces otros deben ser castigados
A veces es tan intensa y excitante la necesidad de castigar a alguien que resentidos podemos llegar preservar al que nos hizo daño, a no destruirle del todo, a no alejarnos para conservar la vida resentida y que da sentido a nuestra existencia pues pensamos que podemos ser nosotros los que castiguemos a los que nos hicieron daño. De víctimas nos convertimos en victimarios.
Esto son señales del sadismo que se oculta tras el resentimiento y que hacemos gala en la oscuridad de nuestra mente. En otras palabras, nos gusta sentir el resentimiento para pensar que estamos en lo correcto.

RESENTIMIENTO ES VOLVER SUFRIR, UNA Y OTRA VEZ.

Pero, por otra parte, he aquí el complemento interno de ese sadismo: una y otra vez pues todo aquello vuelve a ocurrir en nuestra mente. Una y otra vez un recuerdo que surge, cuando guardamos resentimiento buscamos, sin querer, recordar la escena que nos dañó y repetir el sentimiento, a sufrir el dolor y la rabia, la vergüenza y la humillación, la soledad y la pérdida.
Cuando usamos nuestra mente para regresar a nuestro pasado y generar el resentimiento, hacemos de nuestros sentidos el territorio del rencor y cerramos nuestro pensamiento. Una persona resentida no puede pensar en otra cosa que no sea el dolor provocado, al parecer no hay soluciones.
Todo parece llevarlo a su territorio y con ello confirmar o defender su posición. Por eso el perdón es algo prácticamente imposible.
Y es que en cada vuelta de tuerca del resentimiento estos recuerdos son evocados con una fuerza y claridad como si hubieran ocurrido ayer, casi con la nitidez y potencia de las percepción actual. Sin darnos cuenta que los que sufrimos somos nosotros mismos con una intensidad multiplicada.

EL RENCOR NOS DESTRUYE.

El rencor busca inevitablemente la venganza pero a la vez es esa obcecada hambre de odio la que nos contamina haciéndonos cada vez menos humanos y perdiendo la brújula de nuestro destino y llevándonos inevitablemente a la destrucción de nuestra alma. Por mas que estemos rodeados de gente, mientras tengamos el virus del resentimiento, estamos solos. Aunque sonriamos de vez en cuando, seguimos siendo infelices. El resentimiento son cadenas que van acabándonos no sólo por dentro sino también físicamente.
Pensamos muchas veces que no importa cargar con el dolor, al fin de cuentas no hay remedio, sin embargo destruirte por causa de una escena repetitiva en tu cabeza no es el propósito de tu existencia. Esto no se trata de lo que te hicieron, sino de lo que te haces día con día cuando permites que el odio se apodere de tus sentidos. La Generación Y no esta destinada a la  autodestrucción.

 ACABA CON EL ESTUPIDO RESENTIMIENTO

Nadie podría sentir lo mismo que tu sentiste cuando te dañaron, nadie puede estar en tus zapatos, pero eso no significa que nadie pueda ayudarte. Para acabar con el resentimiento necesitas afrontarlo, requiere que reconozcas que vive con rencor. Eso no es nada fácil pues al momento de creer que somos víctimas se nos olvida que también tenemos responsabilidad en nuestra manera de sentir por lo que perdonar a otro no sería posible si no te perdonas a ti mismo por haber guardado rencor. Al final de cuentas todo este tiempo te has hecho daño a ti mismo. Deshacerte del pasado es imposible que quieres aferrarte a vivir de él. Por eso necesitas, cada día, volver a comenzar de nuevo, siempre hay una nueva oportunidad de volver a intentar estar mejor.

Si no acabas con el rencor, éste te perseguirá eternamente y te va a convertir en lo que la gente con odio es, una miseria humana, que buscan una venganza imposible.
El ser capaz de contener el odio es un esfuerzo titánico, lo se. Pero debe ser permanente pues cada vez que le damos, aunque sea la más leve simpatía, a la maquinaria del rencor, ésta se precipita como tren desbocado hacia nosotros hasta impactarnos cada vez más fuerte. Por eso este rollo es diariamente, tienes que perdonar a papá y a mamá cada vez que los ves, debes rescatarte a ti mismo del daño que te hizo esa persona que llamabas amigo o amiga, novio o novia, esposo o esposa, haya sido tu familiar, maestro, etc. El arma que tienes es el valor de querer volver a ser quien eras y cuando tienes decisión tu arma es indestructible. Pues logras entender que si alguien cometió tal ofensa en tu contra se debió a la humanidad con la que tu mismo cargas, solo la vences cuando perdonas.
Vivir con resentimiento es común, la mayoría de la gente vive así. Sin embargo es una de las estupideces más grandes con la que el hombre sobrevive, deshazte del resentimiento y camina libre con una nueva vida, puedes lograr eso y muchas cosas más, estoy seguro.