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¿Olvidaste quién eres?

Por: Caleb Ordoñez Talavera

El olvido es uno de los errores más comunes que cometemos los seres humanos y que pagamos más caro. Olvidarse es perder de vista algo que ya sabemos pero que se nos pasa por alto sin damos cuenta. El olvido es la ausencia de cierta información que ya está grabada en nosotros pero que no se manifiesta en el momento que lo necesitamos.
Quien se olvida no es culpable de haberse olvidado, es responsable de las consecuencias de su olvido. Olvidarse de buscar ser feliz es un de los olvidos esencial más catastróficos.  Pero hay muchos olvidos más que nos afectan en todas las áreas de nuestra vida.  Se puede trabajar, ganar dinero, hacer muchas cosas y llegar a tener muchas otras, pero estar olvidándonos de cosas que luego nos arrepentiremos ¿De que nos estaremos olvidando ahora y que luego nos lamentaremos?
Es una contradicción, que siendo la especie que posee la cualidad de almacenar en su memoria más datos que el resto de las especies vivas, nos olvidemos de cosas tan esenciales.  Uno de los desarrollos más avanzados en el mundo tecnológico está relacionado con la capacidad de guardar datos gigantescos en espacios microscópicos.  Esto representa la realidad de la mente humana, mucha información en un lugar muy pequeño.

 Dicen que sólo usamos un 10 % de nuestro cerebro, pienso que el otro 90% tan sólo nos estorba para recordar lo que necesitamos oportunamente.  Te has preguntado… ¿De qué te sirve saber tanto si cuando necesitas una cierta información en un determinado momento no la tienes?  ¿Qué es más importante, la capacidad de guardar información o la velocidad de acceso a ella? ¿Es necesaria tanta información para la vida?

¿La Generación Robot?

A la “Generación Y” se la ha llamado la sociedad de la información. Estamos atestados de todo tipo de información en su mayoría basura que no sirve para casi nada, guardamos y archivamos todo tipo de datos con la esperanza de que algún día nos pueda ser útil y así se provoca una saturación enloquecedora que lo único que consigue es atascarnos en momentos de necesitar una mente clara y limpia para pensar y tomar decisiones.  Muchas veces los datos almacenados en la memoria son del pasado por tanto son viejos, ya han caducado y cuando nos damos cuenta… ¡apestan!  No nos sirven de nada… Cada situación es única e irrepetible por tanto lo viejo no es útil para tomar decisiones hoy.

  El conflicto está en que la información que vamos recogiendo en gran medida, no es nuestra, sino de los otros, guardamos las opiniones de los demás como propias, archivamos las experiencias de otros como si nos hubieran sucedido a nosotros mismos, permitimos que nos metan ideas y miedos que no hemos elegido conscientemente.  Esta ha sido la mayor de la violencias que los seres humanos hemos cometido contra la humanidad, meternos y meter en la mente todo tipo de cosas que nos impulsarán a hacer un sin fin de acciones sin sentido, incluso en contra de nosotros mismos.
Se nos adiestra para aceptar todo aquello que se nos dice sin cuestionar nada, no se nos permite la duda, preguntar ni pensar por nosotros mismos.

 Utilizamos las emociones como bombas para destruir a otros y con ello nos destruirnos a nosotros mismos también.  La acumulación de sensaciones, ideas, pensamientos, preconceptos, juicios, creencias y experiencias va produciendo emociones cada vez más fuertes y de las que luego nos será muy difícil deshacernos por estar tan acostumbrados a ellas.
La culpa, el miedo, la ira, la impotencia, el rencor, los celos, la envidia, la rabia entre otras emociones habituales son el pan nuestro de cada día que alimenta y sustenta nuestros comportamientos, acumulamos más y más emociones cada día y no las liberamos, de esta gran concentración de emociones reprimidas surgen conductas destructivas, que hacen y nos hacen mucho daño, pero que en el fondo son conductas inconscientes ya que surgen automáticamente de la información acumulada, sin que, quien guarda esa información, pueda decir ni hacer nada.  Somos como robots archivadores de datos para actuar mecánicamente. El desenlace final es fatal: violencia, venganza, traición y odios. Así estamos.  Si queremos cambiar esta realidad tendremos que recordar todo aquello que hemos olvidado.

 

Recuerda quién eres.

Hay muchos olvidos importantes. Nos hemos olvidado de vivir, de ser felices, de acariciar, de respirar profundo, de relajarnos, de disfrutar y sobre todo de ser nosotros mismos. El olvido más destructivo es el olvido de uno mismo. Por eso es que cuando nos recordamos a nosotros mismos recobramos la mayor parte de la memoria. Aquello que somos es lo que ocupa la mayor parte de la memoria inconsciente acumulada durante toda esta vida.
Recuperar la memoria de nuestra verdadera identidad es lo más maravilloso que nos puede suceder en la vida. Volver al encuentro de nuestra esencia como reconectarnos con nosotros mismos.
Las personas que se olvidan de si mismas están destinadas a vivir por y para los demás, son personas serviciales, predispuestas a ser manipuladas, sobornadas, a ser llevadas de aquí para allá sin ningún sentido, y quienes se ocupan de utilizar esa falta de autodeterminación y de poder en si mismas de las personas, se ocupan de manipularles para su propio beneficio. Después son ellos los que más critican la manipulación, porque si ven que alguien intenta abrirle los ojos a quien manipulan para que se den cuenta, corren el peligro de perderlos y no poder seguir sacando provecho de su debilidad.
Pero cuando recuerdas de donde vienes y de donde saliste, podrás darte cuenta hacia donde vas. Quizá ya olvidaste todo lo que tuviste que vencer, muchos que leen hoy tuvieron que vencer aún la misma muerte. Quizá te libraste de un accidetne que te debería tener en el cementerio, una enfermedad que amenazaba tu existencia. Olvidaste, tal vez, que tuviste que perdonar a alguien cuando pensabas que era imposible, pero lo lograste y te hiciste más fuerte. Hoy debes de recordar que papá se fue de casa un día pero tú te aferraste a no ser como él y hoy tus hijos no te miran con odio. Tuviste que sufrir muchas veces entre otras cosas hambre, desvelos y desesperación pero cuando menos lo esperabas el cielo respondió con un milagro. Recuerda que alguien te dio lo que no tenías, que encontraste la salida cuando más necesitabas ayuda, siempre hubo alguien que te ofreció su mano.

 O bien, quizá tuviste que sufrir solo, que nadie estuvo ahí cuando más lo necesitabas pero aún la soledad te hizo conocerte mejor a ti mismo y saber que es muy difícil destruirte.

 Recuerda quién eres y lo que has tenido que vencer, a pesar de los problemas que has sufrido y de las dificultades,

 Ya has llorado bastante, ya te has quejado lo suficiente. Piensa que también te toca sonreír, pues cuando eres feliz contaminas positivamente a otros. Cuando sonríes porque sabes lo que has tenido que pasar te da la certeza de que todo saldrá bien.

Has vencido antes y lo harás de nuevo

Acepta la vida tal y como es, no la quieras cambiar porque al fin de cuentas, lo que vives es un viaje, mejor amárrate el cinturón y disfruta el paisaje,

 Recuerda la grandeza que hay en tu interior y absolutamente todo quedara reducido a casi nada. Los problemas son muy grandes porque nos sentimos pequeños. Los desafíos nos superan porque nos olvidamos que ya hemos vencido en otras ocasiones cosas mucho más difíciles, que superamos la muerte de un ser querido y no nos quedamos en la depresión, que logramos en algún momento dar un giro en nuestra vida y levantar la cabeza.
Ante los problemas que se te presentan diariamente nunca digas “No se como salir de esto” . Eso no es cierto. Tu si sabes, sólo que lo has olvidado. Recuérdalo, recuérdate. Deja de ser un imitador y conviértete en el autor de tu propia vida. La creatividad es tu destino final, y tu destino final es ser el creador de ti mismo, has sido creado para que hagas una creación de tu vida.

 Estoy seguro, vas a salir de esa adicción, de esa deuda, terminarás con ese dolor, olvidarás el abandono que esa persona te provocó, acabarás con el sufrimiento porque tienes la bendita capacidad de recordar que naciste para vencer en cualquier momento, cualquier obstáculo que se te presente.

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