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Amados enemigos.

Por: Caleb Ordóñez Talavera

Desde hace mucho tiempo me ronda por la cabeza un dogma: “Todos los humanos necesitamos enemigos para subsistir”. ¿Te das cuenta de la constante necesidad que tenemos para hacernos nuevos enemigos?

 La vida esta dividida en la concepción dual, esto quiere decir que no podríamos asimilar que no existiera el bien contra el mal, Dios contra el diablo, Las chivas contra el América. Así somos, así vivimos.

 Los enemigos en esencia son aquellos que se oponen a nuestros intereses personales, nos mandan malas vibras, nos hacen “grilla” y de cierta manera nos tienen envidia, si convives diariamente con más de 2 personas, seguramente tienes un enemigo.

 Nuestra necesidad de hacernos de enemigos es parte de nuestra manera de sobrevivir en el mundo de los sentimientos, alguna vez fuimos agredidos y no respondimos a dicha agresión, por lo tanto cuando crecemos guardando resentimientos que los reinventamos y encarnamos en personas.  Necesitamos de enemigos para al menos sentir que le importamos a alguien. Aquellos rivales que tenemos en nuestra mente son los que nos hacen en muchas ocasiones, salir adelante y buscar trascender. Somos espejos, creamos y proyectamos en otros.

Ten cuidado

 

 Según el especialista David Barash en su libro “Beloved enemies” (Amados enemigos) nos hacemos enemigos  de otros cuando permitimos que en nuestra mente se desarrolle una guerra donde somos los protagonistas, el lado bueno, pero hay algunas personas que llegan a sentir el placer que ofrece tipo de actos perversos tales como sonreír del fracaso de otros o celebrar la derrota de su contrario, ofrecen un tipo de satisfacción única. Incluso algunos que gustan de imaginar y crear enemigos unilaterales a los que humillan con sus logros.

 Cuando tenemos este tipo de sentimientos y pensamientos no es fácil huir de la realidad. Tenemos enemigos imaginarios que nos hace “deshumanizar” a otros. En las guerras por ejemplo es tanta la idea de odiar al enemigo que los soldados son instruidos a ver a sus rivales como animales. Cuando llegaron los españoles a América creían fielmente que los indígenas no tenían alma por lo que Dios los había creado para servirles. No hace mucho en un reportaje de la cadena CNN un soldado norteamericano declaraba que a los iraquíes debían verlos como “cerdos que debían ser sacrificados” De esa manera se implanta el odio en nuetras mentes cuando nuestra visión del enemigo es deshumanizada. ¿Te refieres a tus enemigos como “perros”, “viboras”, “cerdos”? Ten cuidado, puedes convertirte en algo que no quieres ser. Mira la guerra que tenemos en las calles, el odio se manifiesta a tal grado que ya no nos sorprende ver personas sin cabeza colgando de un puente con un narcomensaje repleto de palabras de odio.

Cuida y ama a tus enemigos.

 Tener enemigos es bueno para la salud. Tener enemigos (insisto) nos ayuda a ser competitivos, a formar nuestra identidad, a darnos coraje para emerger. Pero debemos saber quienes deben ser nuestros enemigos. Desde Jesucristo hasta Hitler, todos han tenido enemigos. Y era precisamente Jesús quien decía: “Ustedes han oído que se ha dicho debes amar a tu amigo y odiar a tu enemigo. Pero yo les digo: amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan el bien a los que los odian, Y oren por los que los desprecian y persiguen…” Bien, fuera del concepto religioso que esto pueda implicar para cualquiera que ha ido a dos clases de catecismo o de la escuela dominical, estas palabras son socialmente revolucionarias a tal grado que se convierten en una declaración de guerra a los conceptos “humanoides” que traemos trazados en la cabeza desde niños.

 Quizá para el filósofo Nietzsche este concepto de “amar a los enemigos” es simple idealismo sin practica. Sin embargo, si el enemigo es nuestro ayudante entonces amémoslo, cuidémoslo, preservémoslo. Esto nos hace ser humanos que usan la razón. Es mejor tener en claro quienes serán nuestros enemigos y cuales son las ideas que siempre enfrentaremos (En un país donde hay más de 65 millones de pobres bien vale la pena que nuestro peor enemigo sea el hambre).

 Hay gente que debe enfrentarse, en directo cara a cara, hablar fuerte sus diferencias, la manera en que se sienten ofendidos, retarse si es necesario; se convierten inmediatamente en enemigos reales, pero aún cuando esto es sano para nuestra mente, no permitamos que las confrontaciones humanas lleguen al corazón, al embrollo de sentimientos que nos puede convertir en lo que despreciamos. Piénsalo.

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